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L’autocar de línia

L’autocar de línia

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El autocar de línea, aquel autocar que más habría valido que nunca hubiese llegado al pueblo […], traqueteaba por la cinta negruzca de la carretera, en medio de bancales donde los árboles frutales, con las ramas desnudas del invierno, se alineaban en formaciones impecables. El sol, amortiguado por brumas azuladas, descendía hacia el horizonte y teñía con sangres pálidas los cerros que rodeaban el llano. […] El autocar de línea […] remontó la última cuesta antes de comenzar el descenso hacia el valle del Cinca, en aquel momento una larga pincelada gris-violeta entre ocres que se desvanecían. […] Desvencijado y quejumbroso, el autocar atravesaba el puente sobre el Cinca. […] Las luces de Fraga, recién encendidas, temblaban en el río. […] Ya era de noche cuando el autocar paró en Torrente de Cinca. A través de los empañados cristales del vehículo, se vislumbraban manchas de luz de balcones y ventanas. Se apearon unos pasajeros, y un soplo de frío glacial penetró por la puerta abierta. […] El autocar se hallaba prácticamente a la vista del pueblo. A la izquierda de la carretera, el río Segre era una negrura viva, inquieta. […] A la altura de la mina Antònia, adelantaron a un camión cargado de trabajadores que regresaban a la población. Por la parte de la sierra, se adivinaban a contraluz sombras de olivares. […] Y la carraca, aquel cacharro que habría sido preferible que nunca hubiese llegado al final del trayecto, avanzaba hacia la villa. […] Al llegar al Café de Silveri, Adelaida encontró a su yerno y a la consuegra entre la docena escasa de personas que esperaban la llegada del autocar. […] El chófer frenó, el autocar se detuvo delante mismo del café; la gente salió del establecimiento y se acercó a la parte delantera del vehículo para recibir a los viajeros, que ya empezaban a bajar. Marcel.lí, su madre y Adelaida escrutaban el rectángulo oscuro de la puerta donde las sombras de los pasajeros adquirían un cuerpo, unas fisonomías, al ser tocadas por la luz de la farola colgada sobre el letrero del café.

Guardaos de soñar encías desdentadas, en El Café de la Rana, 105-113

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